
La preparación del terreno es la parte que la mayoría de la gente quiere hacer deprisa, pero es el paso clave que determina si su cobertizo durará dos años o veinte. La buena noticia es que no es complicado cuando se sabe qué hacer.
En esta guía le explicamos por qué es tan importante preparar bien el terreno, qué debe comprobar antes de empezar a excavar y el paso a paso para dejar su jardín listo para una base sólida y duradera para su cobertizo de madera.
Estas son las razones por las que este paso es tan importante:
Un cobertizo necesita asentarse sobre un terreno firme y bien compactado. De lo contrario, empezará a moverse a medida que cambian las condiciones meteorológicas. Un suelo blando provoca hundimientos, inclinaciones y torsiones que, con el tiempo, se traducen en puertas que no cierran bien, ventanas que se atascan y suelos que se notan desnivelados al caminar. Una buena preparación del terreno mantiene todo alineado y estable desde el primer día.
Un suelo que no drena correctamente es uno de los peores enemigos de un cobertizo de madera. Cuando el agua se acumula bajo el suelo, la madera permanece húmeda, aparece moho y, en climas fríos, las heladas pueden desplazar la estructura. Además, un terreno húmedo y sombreado atrae plagas como babosas, hormigas, cochinillas e incluso ratones, que encuentran un lugar perfecto para refugiarse bajo el cobertizo. Un buen drenaje evita todos estos problemas.
La mayoría de los cobertizos de madera pueden durar varias décadas, pero solo si el terreno sobre el que se apoyan es estable y sólido. Una preparación adecuada prolonga considerablemente la vida de la estructura, mantiene el suelo seco, reduce la pudrición y evita movimientos indeseados. Una base bien preparada puede hacer que un cobertizo dure entre 10 y 20 años más que uno instalado sobre un terreno mal acondicionado.
Si va a invertir tiempo y esfuerzo en preparar bien el terreno, merece la pena elegir un cobertizo que realmente aproveche esa base sólida.
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Antes de empezar a cavar, conviene detenerse un momento para asegurarse de que ha elegido el lugar adecuado y evitar problemas más adelante. Antes de continuar, tenga en cuenta lo siguiente:

Preparar el terreno puede parecer un trabajo grande, pero siguiendo el orden correcto es un proceso bastante sencillo. Piense en esta fase como la creación de una base limpia y estable para la cimentación que vaya a utilizar.
Antes de nada, confirme que ha elegido la mejor ubicación del jardín. Busque una zona lo más nivelada posible, alejada de ramas colgantes, áreas encharcadas y puntos bajos. Asegúrese de que haya espacio suficiente para rodear el cobertizo y abrir las puertas cómodamente, y evite colocarlo demasiado cerca de muros o vallas.
Marque el perímetro exacto del cobertizo con estacas y cuerda, y amplíelo entre 5 y 10 cm por cada lado. Este pequeño margen facilita la nivelación y deja espacio para bordes, grava o drenaje.
Retire todo lo que pueda interferir con la base. Pode ramas, arranque malas hierbas, quite plantas y elimine raíces que puedan crear irregularidades bajo la estructura con el tiempo. El objetivo es una zona limpia y despejada.
Con una pala, retire el césped y la capa superior del suelo hasta obtener una excavación uniforme de entre 50 y 75 mm de profundidad. Así crea espacio para la sub-base y elimina material orgánico blando que podría descomponerse y provocar hundimientos.
Rastrille el suelo y compruebe el nivel con una regla larga o un listón recto. Aquí la paciencia es clave: cualquier desnivel se trasladará a la base y al cobertizo. Ajuste, compacte ligeramente y revise hasta que quede lo más nivelado posible.
Rellene la zona excavada con zahorra artificial o grava compactable (similar a la zahorra tipo ZA-25). Extiéndala de forma uniforme y añada una fina capa de arena gruesa para conseguir una superficie perfectamente lisa y nivelada. Esta combinación aporta drenaje, estabilidad y soporte a largo plazo.
Utilice un pisón manual o una placa vibratoria para compactar la subbase. Este paso es fundamental para evitar que el cobertizo se hunda o se mueva con el tiempo. La superficie debe quedar firme, sin sensación de hundimiento al pisar.
Una vez compactada y nivelada la base, extienda una malla antihierba para evitar que crezca vegetación bajo el cobertizo. También ayuda a mantener separada la sub-base del terreno natural. Recórtela y ajústela dejando un pequeño solape en los bordes.
Ahora ya tiene el terreno perfectamente preparado para instalar la base que prefiera: losa de hormigón, losetas, grava con rejilla, bloques o estructura de madera.

Los jardines con desniveles son muy habituales, y la buena noticia es que la mayoría de las pendientes son fáciles de trabajar una vez se sabe cuánto desnivel tiene el terreno y qué solución se adapta mejor al tipo de suelo.
Antes de empezar a excavar o añadir grava, es fundamental comprender bien la pendiente y decidir si se va a nivelar retirando tierra, aportando material o combinando ambas opciones.
Utilice un tablón largo y un nivel de burbuja. Coloque el tablón sobre el terreno y apoye un extremo en el punto más alto. Ajuste el otro extremo hasta que el nivel marque horizontal y mida la distancia entre el tablón y el suelo en el extremo más bajo. Esto le indica exactamente qué diferencia de altura existe y le ayuda a decidir qué método de nivelación utilizar.
A partir de este punto, el proceso es exactamente el mismo que para preparar un terreno plano; la única diferencia radica en cómo se ha corregido el desnivel antes de comenzar.
Cuando el terreno y la base están correctamente preparados, elegir el cobertizo de jardín adecuado es clave para evitar problemas a largo plazo.
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Preparar el terreno para un cobertizo de jardín no es la parte más vistosa del proyecto, pero sí la más importante. Cuando el suelo está firme, bien nivelado y con un drenaje adecuado, el cobertizo se asienta correctamente y tiene una vida útil mucho mayor. Dedicar un poco más de tiempo ahora evita problemas futuros como suelos húmedos, paredes inclinadas o deformaciones con el paso de los años.
Por lo general, sí. La mayoría de los equipos de montaje esperan que el terreno esté limpio y preparado antes de la instalación. Normalmente montan el cobertizo, pero no retiran césped, excavan ni corrigen problemas de drenaje salvo que se haya contratado ese servicio aparte. Conviene confirmar qué incluye la instalación.
Lo habitual es retirar entre 50 y 75 mm de tierra para eliminar el césped y crear espacio para una subbase compactada. Los cobertizos grandes o pesados pueden requerir mayor profundidad, especialmente en suelos blandos o irregulares.
Sí, pero es imprescindible corregir el desnivel antes de colocar la base. Puede rebajar la parte más alta, rellenar la zona baja con grava compactada o utilizar bases regulables como bloques de hormigón. El cobertizo siempre debe quedar perfectamente nivelado.
No. Aunque esté nivelada, la tierra sola es inestable y retiene humedad. Es necesario contar con una base adecuada que evite que el cobertizo se hunda y que proteja el suelo de la humedad.
En España, no existe una distancia mínima única válida para todo el país, ya que la normativa urbanística depende de la comunidad autónoma y, sobre todo, del planeamiento urbanístico municipal de cada ayuntamiento. Por este motivo, es recomendable consultar siempre la normativa local antes de instalar un cobertizo de jardín.
Desde un punto de vista práctico, incluso cuando la normativa lo permite, se aconseja dejar entre 50 y 100 cm de separación entre el cobertizo y cualquier valla o lindero. Este espacio facilita las tareas de mantenimiento, mejora la ventilación, permite tratar la madera con comodidad y ayuda a prevenir problemas de humedad a largo plazo.